No sólo los insultos, golpes o gritos dañan, existen otros comportamientos de los padres nocivos para los hijos.

Padres TóxicosLos niños son como una pizarra en blanco en la que se graba lo que hacen y dicen los padres, que son sus modelos  durante la primera infancia. El aprendizaje lo interiorizará como algo propio y controlará sus comportamientos a lo largo de la vida.

Los padres tóxicos, maltratadores, son aquellos que:

Se comportan  con sus hijos o en presencia de ellos de forma irascibles, enfadándose  por lo más mínimo, lanzando improperios contra su pareja e hijos, gritando, insultando y pegando. Padres que no alaban a sus hijos y remarcan sus errores incluso en público.  .

No les prestan a sus hijos el cuidado y atención física y/o  emocional necesaria. No están  disponibles emocionalmente  para ellos, provocando una situación de desamparo con el consiguiente  riesgo para el menor, porque limita su desarrollo físico, emocional y cognitivo.

El Código Civil considera como situación de desamparo “la que se produce de hecho a causa del incumplimiento, o del imposible e inadecuado ejercicio de los deberes de protección establecidos por las leyes para la guarda de los menores, cuando éstos queden privados de la necesaria asistencia moral o material”.

Sin embargo, el Código Civil no nos proporciona un listado de éstas  situaciones pero algunas leyes autonómicas sí lo hacen y podemos destacar las siguientes:

  • Ausencia de escolarización habitual del/la menor.
  • La inducción a la mendicidad, delincuencia o prostitución o cualquier otra explotación económica del/la menor de análoga naturaleza.
  • La drogadicción o alcoholismo habitual del/la menor con el consentimiento o la tolerancia de los padres o guardadores.
  • Existencia de malos tratos físicos o psíquicos o de abusos sexuales por parte de las personas de la unidad familiar, o de terceros con consentimiento de estas.
  • El trastorno mental grave de lo padres o guardadores que impida el normal ejercicio de la patria potestad o la guarda.
  • La convivencia en un entorno socio-familiar que deteriore gravemente la integridad moral del/la menor o perjudique el desarrollo de su personalidad.

Las consecuencias para los hijos pueden ser muy graves: baja autoestima,  agresividad, desconfianza, retraso madurativo, dificultades para aprender, odio, temor a las figuras de autoridad, culpabilidad, depresión, problemas para socializar, ansiedad, problemas de sueño y aislamiento social.

Ambos casos pueden  llevar a situaciones que obliguen a la  justicia a retirar la patria potestad de los padres biológicos para garantizar el bienestar del menor en centros de acogida dependientes de la Consejería de Asuntos Sociales.