“Me obsesioné con la imagen y me quedé vacía por dentro”

Qué frase, ¿verdad?     

Esta frase no está sacada de ningún libro ni de ninguna película. Es una frase dicha por una chica de carne y hueso sentada en nuestra consulta de psicología.

Hoy me gustaría hablaros sobre un mal que está presente en nuestra sociedad, una enfermedad más o menos silenciosa, de la que creo que no se es muy consciente aún.

Me refiero a la anorexia.

¿Por qué es importante conocerla? Porque no se puede poner solución si no sabemos cuál es el problema.

La anorexia es un trastorno que se caracteriza por un rechazo sistemático de los alimentos y que se observa generalmente en personas jóvenes; suele ir acompañado de vómitos provocados, adelgazamiento extremo, distorsión de la imagen y, en el caso de las mujeres, desaparición de la menstruación.

Cada día aumentan los casos de trastornos de alimentación tanto en nuestro país como a nivel mundial y no es de extrañar sabiendo que vivimos en una sociedad que valora mucho la imagen, que tiene unos estándares de belleza a veces inalcanzables, que los niños y niñas desde pequeños tienen acceso a internet (a redes, a programas, a vídeos, etc.) en los que se promueven ciertas conductas o, sin ir más lejos, los programas que echan en la televisión, las series y los modelos de gente “delgada y exitosa”.

Cada trastorno de alimentación tiene unas causas y desarrollo propios y diferentes entre sí, pero sí que es cierto que hay algunos factores comunes a todas ellas en cuanto a las posibles causas o factores predisponentes. Por ejemplo, niños/as con sobrepeso o con algún familiar con sobrepeso, que sufra burlas, presión familiar, antecedentes familiares de trastornos de alimentación, profesiones muy exigentes con la imagen, pobre autoestima, necesidad de valoración,  etc. Pero cada persona es un mundo, por lo que cada una puede comenzar con este trastorno a edades diferentes y por una casuística distinta.

Nada es tan sencillo.

Volviendo al tema de la anorexia, podemos encontrar dos tipos:

  1. De tipo restrictivo, que consiste en ayunar durante periodos más o menos largos de tiempo.
  2. De tipo purgativo, cuya diferencia principal es que se provocan los vómitos o abusan de diuréticos o laxantes como medida compensatoria. Este tipo suele llevar algunas complicaciones más.

 

Comenzaba el artículo con la frase de una paciente y vuelvo a ella para explicaros un poco porqué es tan importante.

“Me obsesioné con la imagen y me quedé vacía por dentro”

Habla de obsesión. Obsesión por tener una imagen que encajara en los cánones de belleza que se consideran como los únicos válidos. Obsesión por contar cada ápice de alimento que entraba en su cuerpo. Obsesión por contar las calorías. Por saber de nutrición. Obsesión porque si no estaba delgada nadie la iba a querer. Obsesión por la comida, por el cuerpo, por el vehículo. LA COMIDA, LA IMAGEN, LA BELLEZA…ERAN EL EJE DE SU VIDA.

No podía disfrutar de nada, ni de salir con los amigos, ni de cenas, ni de fiestas, ni de ningún evento (ni siquiera su propio cumpleaños). No se miraba al espejo, no se veía guapa, no salía de casa…toda su vida era no comer y cuando ya no podía aguantar las ganas, entonces se pegaba el atracón. Acto seguido y guiada por la culpa y la vergüenza, vomitaba y se tomaba cantidades excesivas de laxantes y diuréticos. Y así un día, y otro y otro y otro, hasta que vio que se estaba escapando de sus manos y recurrió a consulta.

Hay ocasiones, como ésta, en la que la paciente es consciente de que tiene un problema y pide ayuda, pero en la mayoría de los casos (y sobre todo con adolescentes y niñas), en la que son los familiares los que observan el comportamiento y dan la señal de alarma.

Cuanto antes se detecte el problema, más posibilidades hay de éxito.

¿Cuáles son esos signos de alarma?

 

Signos de alarma

Si bien cada caso es único, os dejo algunas señales que os pueden servir para identificar algún posible trastorno de la alimentación.

 

  • Pérdida significativa de peso
  • Oscilaciones en el peso
  • Obsesión por comer menos. Sólo come alimentos bajos en calorías.
  • Ingesta compulsiva y exagerada
  • Desaparición de comida
  • Se enfada cuando se le habla de alimentación
  • Muy interesada por su aspecto físico
  • Críticas y comentarios negativos hacia su figura, peso y formas corporales.
  • Dice estar gorda cuando se le ve delgada.
  • Preocupación excesiva por la opinión externa y sensibilidad a las críticas relacionadas con la figura, la ropa, el aspecto, el peso y la alimentación.
  • Consumo de diuréticos, laxantes o píldoras adelgazantes.
  • Ejercicio físico excesivo.

Los chicos de hoy en día tienen muchos recursos a la mano si se quieren informar y ahí hay un gran peligro, en internet, que es una ventana a un mundo infinito en el que pueden investigar sobre lo que quieran, por eso a los más pequeños es necesario controlar de alguna manera los contenidos y las páginas a las que tienen acceso.

Lo mejor, como siempre, es la prevención.

Enseñarles a los niños, desde que son muy pequeños a aceptar las diferencias que nos hacen únicos a cada uno de nosotros, a no darle más importancia de la cuenta a la imagen, a sentirse valorados, a valorarse…a quererse.

Sin más, os dejo con una frase que me gusta mucho:

“SÓLO SE VE BIEN CON EL CORAZÓN, LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS”

 

Si tenéis alguna duda respecto a los trastornos de alimentación, no dudéis en poneros en contacto con nosotros.